Japón, 1954. El terror causado por las pruebas nucleares del Atolón de Bikini reabre las heridas causadas por los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. El tamaño de la prueba de Castle Bravo el 1 de marzo de 1954 va más allá de lo previsto y supera lo imaginable. La propagación de residuos de material radiactivo llega hasta Australia, India, Japón, Estados Unidos y el este Europeo. El secreto militar se convierte en incidente internacional y Castle Bravo provoca la prohibición de las pruebas atmosféricas de dispositivos termonucleares.
Al igual que sus compatriotas, Eiji Tsuburaya a visto de cerca el horror en su expresión más pura. Ahora, traumatizado por la reciente muerte de su hija y por el recuerdo de la desaparición de su padre en el terremoto de 1923, el mayor especialista en efectos especiales de Japón recibe un encargo que marcará su carrera profesional y vital: la creación de Gojira, el monstruo de los abismos remotos que occidente conocerá bajo el nombre de Godzilla.
Para realizar el encargo, Eiji Tsuburaya necesitará siete años, pero solo dispondrá de cuatro meses.

En Master of The Miniatures, Jim Shepard redacta la ineludible dualidad humana que enfrenta a los colmillos ensangrentados del lobo con la flor naciente. Este es un relato certero y realista del despertar de Godzilla. Un relato generoso en detalles y curiosidades cinéfilas, en el que colisionan arte y vida del creador del monstruo a través de una estructura de tiempos cruzados, cuyo tejido envuelve al lector en una experiencia sensitiva y vívida. Pero ante todo es una crónica del duelo y la superación, del recuerdo y de la transmisión.
¿Cuál es el precio de crear una monstruo? Todos hemos escuchado esa vieja historia que dice que Godzilla tiene una relación con los ataques nucleares que Japón vivió a mitades del siglo XX. Sin embargo, los occidentales nunca hemos entendido que Godzilla, ese monstruo anacrónico que destruye ciudades de cartón pluma, no es un objeto propio del entretenimiento sino el retrato simbólico del lado más oscuro del alma humana.
Durante algo más de cuatro meses (dos de pre-producción y dos de rodaje), vivimos junto a Eiji Tsuburaya el proceso de creación de Godzilla como refugio al duelo insuperable que le distancian de su mujer y de su hogar. La esposa de Tsuburaya, que apenas cruza con él una frase al día, ni tan siquiera tolera su forma de vivir. Y sus compañeros de trabajo, que le tienen por una especie de genio, apenas vislumbran el abismo ante el que Tsuburaya está a punto de perder el equilibrio. Cada escama de la piel del monstruo es una pesadilla y cada edificio una lápida sin nombre. Las sesiones de trabajo en el estudio cinematográfico se mezclan con su infancia en la prefectura de Fukushima, mientras que el recuerdo de la guerra se funde con interminables sesiones de estudio de los efectos especiales del clásico King Kong de 1931.
Leer esta obra es como flotar en el campo inestable que enfrenta a dos imanes polarizados: la creación y la destrucción; el estoicismo y el terror cerval que nacen del torbellino en el que bailan la ficción y la vida.
Master of the Miniatures ha sido una de las experiencias lectoras más maravillosas que he vivido en los últimos meses, un viaje corto pero intenso, de apenas 80 páginas, que ojalá algún día se encuentre a disposición de los lectores en español. Mientras tanto, el clásico Gojira de 1954 cultiva su injusta fama de película lenta y desfasada, ocultando en su interior su legado eterno, una de las historias más trascendentales y humanistas del séptimo arte.
Master of the Miniatures está disponible en inglés dentro del volumen You think that’s bad . También está disponible en francés a través de la editorial Zoe.

