Crónica de un síncope discrepante

¿Vale la pena escribir obras no comerciales, divergentes o iconoclastas en 2026? ¿Vale la pena gestionar un blog cultural y ocuparse de los gastos de su hosting en los tiempos que corren? Estas y otras preguntas salieron a colación en este video de José Luis Pascual, administrador de la página Dentro del Monolito y autor ­afortunadamente extraño de obras como Conocerás el mar, esa ancha tumba o Con pájaros muertos dibujo coronas.

Este artículo busca aportar algo a la conversación.

Escribir reseñas es lanzar botellas al mar

Aquel que dedica su tiempo a escribir reseñas trabajadas tiene al menos algo de bibliófilo, sino de autor. Y con su ejercicio de crítica y divulgación busca atraer a otros hacia la trascendencia de una obra, pensando quizá que los lectores buscan de por sí saber más de literatura.

De mi (limitada) experiencia como reseñador le llevo la impresión de que esto no funciona así. Y cuando funciona, ni tan siquiera los perfiles de aquellos que buscan información adicional sobre las obras responde al tipo de personas que cabría imaginar.

Creo que mi mujer y yo somos un ejemplo de esto último: ella tiene estudios superiores de filología y letras modernas, además de ser una lectora asidua; pero ni se dedica a las letras ni guía sus lecturas con las reseñas o la crítica. Por mi lado, yo no tuve oportunidad de ir a la universidad y fui un estudiante mediocre de literatura pero, con el paso del tiempo, mi interés creciente me llevó a ser un fanático de los prólogos, los epílogos y de todo aquello que convierte los libros en realidad.

¿Para quién estamos escribiendo entonces esas reseñas, si ni tan siquiera los perfiles son obvios? ¿Para los autores de los libro de los que hablamos? ¿Nos lee alguien?

Las reglas de internet dicen que un buen SEO es la clave del éxito. Y que un contenido bien hilvanado despertará reacciones y respuestas por parte de «la comunidad». No hay de qué preocuparse, la fórmula es infalible y la conversación se animará porque es lo natural, ¿verdad?

Pues no.

El SEO, mal amigo y peor consejero

En mi opinión, todo aquel que administra una web de corte cultural tiene en el SEO a un enemigo. El SEO es tan decisivo para aparecer en las primeras posiciones, tan caprichoso y hermético que, en última instancia, parece un fin en sí mismo. Pero, ¿acaso sirve para algo más que para vender?

Y además, ¿no viene ahora el GEO, las búsquedas orientadas a IA y no sé qué más?

Cuando el objetivo es conectar, intercambiar opiniones y animar la cultura, aparecer en la primera página de los buscadores no sirve tanto como debiera. Ojo, tampoco es mala cosa, pero siempre hay algo forzado, algo absurdo y artificial en el resultado, en el feedback humano.

El copywriting y los plugins para SEO parecen determinantes cuando publicas pero, en mi experiencia, estar en los primeros resultados de búsqueda nunca me ha llevado a nada crucial. De hecho, nunca me ha servido para nada. Más aún, ha llegado a distraerme de lo que de verdad quería expresar. En cambio, las reseñas y artículos que he escrito “libremente” han resonado en algunos individuos y el resultado ha tenido un impacto en mi día a día, en mis relaciones o en mi forma de vivir la literatura.

Por eso considero al SEO como el colega tóxico. Nos dice que escribir en internet nos abrirá a un público amplio, pero empresas como Google consideran que el público somos una especie de jauría de perros de Pavlov, siempre salivantes ante la idea de pasar por un embudo de conversión.

El SEO no es amigo de la cultura, lo es de las transacciones. Y sin lugar a dudas se lleva mal con las conexiones humanas, la conversación o el pensamiento.

De vuelta al video de José Luis, resuena la cuestión de si un blog no es finalmente más (ni menos) que un repositorio digital de obras leídas o estudiadas.

Y me parece que sí… pero con un twist.

¿Sirve para algo alimentar un blog de literatura?

Los blogs están pasados de moda, como todo lo que alguna vez ha sido tendencia. La naturaleza de los blogs fue en su origen la del “blog personal” y parece que ese siempre será su hogar.

El problema no son los blogs, sino la suma de todos nosotros, la masa. Un blog facilita conexiones de individuo a individuo, no de individuo a masa. Y no hablo de conseguir un lector y después otro (que también), sino de conocer y conectar con una persona y después con otra.

Vuelvo de nuevo al SEO y a la cultura del uso de internet: las grandes tecnológicas nos engaña con sus promesas de un futuro mejor. Un blog sirve para lo de siempre: expresarse abiertamente, conocer gente, orientar tu vida social o profesional más allá de los límites de los físico.

¿Es entonces normal escribir artículos o reseñas geniales y recibir a cambio poquísimos comentarios? A mi forma de entender, es totalmente normal a día de hoy. Incluso diría que, paradójicamente, es casi la señal de que lo estás haciendo bien.

Pero, ¿no debería el lector medio interesarse por los blogs de literatura?

En mi opnión, no. No al menos por defecto. Ni por los blogs literarios ni por las presentaciones o las ferias.

El groso de la masa de lectores está en su mayoría compuesta por gente que a pesar de amar los libros e invertir en ellos, los usa como evasión de mesita de noche. Es gente que tiene poco tiempo, muchas obligaciones y poca reserva energética para dedicar al estudio o a leer reseñas. La mesa de novedades es el terreno de caza del lector medio y cualquier escapada a las estanterías verticales es un acto de heroísmo, generalmente dedicado a buscar algo más de un autor ya conocido. Las obras divergentes o menos comerciales quedan relegadas al silencio, sino al susurro minoritario de los outsiders. Y esos son los que escriben en blogs de literatura.

Al final, las reseñas literarias no son para lectores, sino para bibliófilos. Y de entre ellos, los únicos que leerán nuestras reseñas serán aquellos que estén metidos en la misma onda literaria que nosotros. Yo tengo un par de reseñas de libros que ni han sido traducidos al español. Cero lecturas, es obvio. A más excéntrico o exótico sea el libro reseñado , menos lecturas tendrán las reseñas. Pero seguir escribiéndolas nos aprende cosas, nos enseña a pensar de otro modo; esa segunda lectura singular nos enriquece, nos da autoridad y nos empuja a la divulgación mientras nos aparta de cualquier forma de evangelismo.

Y no creo que haya nada raro en que nos lean poco en estos tiempos, la verdad. Ni creo que nunca haya sido muy diferente.

La comunidad de internet ha desaparecido porque fue una moda enlazada a la moda de los blogs. Un momento bello pero pasajero, el hippismo en internet o algo así.

No está en nuestra naturaleza el hablar demasiado con desconocidos y escuchar activamente. No lo está el respetar las opiniones de los demás, ni enriquecernos con aquellas que de principio nos parecen chocantes. Todo eso forma parte de la educación, no del impulso natural. El beneficio viene cuando realmente entiendes de qué va.

No sé, quizá yo me equivoque y la comunidad de internet solo esté cataléptica. Ojalá sea así, pero yo no contaría con ella en un futuro cercano.

¿Aún vale la pena escribir libros más allá de lo comercial?

El mundo de los libros diferentes se está convirtiendo en un nicho de verdaderos amantes de la literatura, de escritores que leen y lectores que escriben. Parece que los autores pequeños, incluso los que forman parte de buenos catálogos editoriales, solo logran acercar su obra a una relativa minoría, amante del riesgo. Y la promesa de convertirse en un Truman Capote al que fotografían bailando con Marilyn Monroe se desvanece, pero, ¿acaso no ha sido siempre esa soledad agreste el lugar de origen de las nuevas literaturas?

de cualquier modo, la literatura como expresión sincera y rompedora es ahora más importante que nunca.

Imaginemos una escena: caminamos por la calle y los automóviles están parados ante un paso de cebra. Miramos la parte trasera de una moto y en ella vemos una pegatina que reza “Sigo leyendo a Henry Miller”.

Me pregunto si en la vida real ese tipo de escenas no suceden porque los amantes de los libros no sabemos utilizar la popularidad a nuestro favor. Soñamos grupalmente con una sociedad más diversa y culta pero, a la hora de hacernos ver a lo grande, no sabemos usar las puertas de atrás. No sabemos molar. No vemos el hueco de acción.

Creo que la literatura divergente es una subcultura y debería funcionar como tal: deberíamos crear pegatinas y llevar camisetas con nuestros autores favoritos; dejar cd’s y llaves usb con conversaciones literarias o reseñas grabadas en las estanterías de las bibliotecas; abandonar la normalidad. Deberiamos salir de internet para colarnos en la realidad cotidiana de la gente, allí donde nadie nos espera.

Deberíamos, en definitiva, salir de la lógica capitalista que destruye la cultura a través de internet, los medios de comunicación y la política. Creo que nos toca salir a tomar el aire y complementar nuestra forma de vivir la literatura con experiencias que vayan más allá del blog, de Youtube, del club literario y la feria librera.

No sé. ¿Tiene todo esto algún sentido?

Durante la redacción de este artículo hago una pausa y me topo con la siguiente noticia: la Ópera Real del Castillo de Versalles estrena una obra de teatro escrita integramente por una IA, y al estilo de Voltaire, nada menos. Su nombre: El astrólogo y los falsos presagios.

Damas y caballeros, tenemos un problema. Y no está exactamente en internet.

En definitiva…

Dicen que la contraportada del periódico “La Vanguardia” es la página que más libros vende de España. No sé si eso es cierto, pero estuve leyendo durante años esa página y sé que allí nunca saldrá nada que perturbe lo establecido.

Los títulos arriesgados ganan su batalla en la dimensión espacial del Tiempo, no en la confrontación comercial directa de la actual mesa de novedades.

Mi conclusión es que nuestra presencia en internet es necesaria y puede ser benéfica si le otorgamos una dimensión más similar a la experiencia real de conocer a personas, más cercana al uno a uno. Los comentarios y la discusión grupal se han vuelto algo secundario para la gente. Ahora llega el momento de generar menos relaciones, pero más profundas.

A la vez, nuestra presencia en la vida real debe ser mayor y, para ello, necesitamos llenar las calles de símbolos y mensajes que dificulten a la masa daltónica el obviar que otros colores culturales existen.

Internet no hará eso por nosotros. De hecho ese es irónicamente el motivo por el que pagamos hostings y dominios, ¿no? Porque internet está lleno de gigantes que imponen sus propias reglas, que redefinen el sentido de la palabras “social” o “conversación”. Y sea voluntariamente o por simple efecto de causa, esos gigantes nos están pisando. Así que alquilamos un terreno en la campiña digital y nos ponemos a hablar de lo nuestro. En el prado, solos. Nuestra escopeta, nuestra mecedora. Y una birra. Mola bastante, pero no sé…

En todo caso hasta aquí llega la charla. Esta ha intentado ser un aporte a las cuestiones planteadas por José Luis Pascual en su video. No he solucionado nada, creo.

Si has leído este artículo seguramente no me dejarás un comentario y parece bien, porque así es internet. De por sí te mereces un aplauso, hoy has leido algo que no te recomendó un influencer.

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10 comentarios en “Crónica de un síncope discrepante”

  1. Rodrigo Martínez Puerta

    A mí me parece que hacéis una labor impagable. Al margen de vuestra función divulgativa, también fomentáis un submundo literario ajeno a lo comercial. Vuestras reseñas y vuestra labor animan a seguir escribiendo tanto a escritores noveles sin ninguna oportunidad comercial como a aficionados frustrados con cosas más o menos interesantes que decir. Sin vosotros quedaría silenciado un finísimo hilo de voz, tenue y casi imperceptible, pero tan auténtico como las historias a las que soléis dar luz. Gracias por todo.

    1. Tú mismo gratuitamente has publicado cuentos por ahí que le han gustado a mucha gente y mí mismo. Nilo Mangosta fue tu nombre de guerra, si mal no recuerdo. Lo bonito del submundo es que todos participamos en una cultura de ataduras y nos damos un empuje colectivo. Gracias por pasarte a comentar, Rodri, ni te cuento lo que me alegra que lo hagas. Y eso de «aficionados frustrados con cosas más o menos interesantes que decir» me ha molado un montón, me siento representado 😀

  2. Espectacular, querido Miguel. Que salga todo este artículo de un contenido mío (aunque sea audiovisual) da sentido al trabajo y me anima mucho a seguir adelante.

    Dices grandes verdades aquí, y me gusta mucho la propuesta de salir de lo digital y tratar de introducir lo nuestro en la vida real. Lo he intentado con clubes de lectura y presentaciones, aunque no se me ocurre cómo ir más allá. Eso sí, en unos meses daré otro pasito en esa dirección, ya lo anunciaré cuando pueda. Ojalá poder hacer más, y ojalá me equivoque y la tendencia cambie de algún modo.

    Un abrazo, y muchísimas gracias.

    1. ¿Vas a dar un concierto o qué? Llenando un teatro te veo con esa poesía extraterrestre.
      Me alegro de que te haya gustado la aportación, JL. Irónicamente soy un terrible comentarista en blogs como el tuyo, pero a menudo miro lo que vas sacando y siempre es interesante.
      No creo que haya un cambio de tendencia a la vista, pero confio en que la locura artística nos ayudará a encontrar la forma de adaptarnos y sobrevivir al asedio.
      Un abrazo amigo, este blog es tu casa.

      1. Quita, quita, no tengo yo voz ni presencia para colocarme en un escenario, ja, ja, ja. Será algo mucho más comedido, ya informaré cuando pueda.
        Sobre los comentarios, yo agradezco también los que me dejan en redes sociales, aunque, como digo en el vídeo, a menudo no dejan traslucir si han leído el artículo o visto el vídeo.
        Un abrazo.

    1. Me alucina tu comentario, David, porque justamente tú y JL ponéis el listón muy alto con vuestras webs. Te agradezco de verdad tus palabras, es por cosas así que vale la pena escribir en un blog 🙂

  3. El aplauso lo mereces tú, Miguel.
    Escribir reseñas es lanzar botellas al mar. Frasaza. Me temo que sirve para muchas otras cuestiones. Al final todos lanzamos frecuencias al espacio. Es gigantesco y nosotros pequeños, pero ilusiona pensar que otros entes captarán esas señales y nos enviarán las suyas alguna vez, aunque por el camino haya que pagar dominios, alojamientos, teclados o micrófonos.
    Panda de tarados. Bendita locura.
    Seguimos.

    1. Jajaja, no se puede expresar mejor, Vicente. Has dado en el clavo. Y esa taradura mental que nos impulsa una de las cosas má valiosas que tenemos, algo que nunca sustituirá una IA. ¡Gracias por pasarte por aquí, crack!

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