Howard Thurston es alguien olvidado por el gran público. Sin embargo, sigue siendo el ejemplo perfecto de cómo la excelencia mediática y la bajeza moral van de la mano en el competitivo mundo del espectáculo de masas. Hoy conoceremos al rey de los mentirosos y daremos un paseo por un Oriente… no tan lejano.

La (in)creíble vida de Howard Thurston
La biografía de Howard Thurston (siempre incompleta, enigmática y cambiante), sitúa su infancia en Alger, donde su padre era vicecónsul. Allí, un grupo de místicos mahometanos le retiene durante largos años, venerándole y enseñándole los ritos y ceremonias de la práctica ocultista. Un buen día lo devuelven a su casa (tal que así) y tras esta experiencia empieza a mostrar signos de dominar la telepatía.
Sus padres, aterrorizados por la idea de que su hijo pueda ser en realidad un demonio, lo llevan de vuelta a Estados Unidos. Los psicólogos americanos, alucinados por la potencia de los poderes psíquicos del pequeño Thurston, no dan crédito a lo que ven.
¿Menuda historia, verdad?
Sin embargo, es una pena que sea una total invención porque, como reza el dicho, debería ser cierta. Pero la realidad es que la infancia de Howard Thurston no fue tan mística como su relato asegura.
Una verdad poco comercial
Hijo de una familia trabajadora y de bajos recursos, Thurston huyó de la morada familiar siendo un niño infeliz. Su verdadera juventud, algo misteriosa y bastante ajetreada, le llevó a saltarse la ley en varias ocasiones. Pero también le llevó a iniciarse en el mundo de la feria y el espectáculo.
Su vida cambió tras asistir a un espectáculo del mago Alexander Hermann. Thurston no solo se propuso igualar su trabajo sino superarlo, para convertirse así en el mago más grande del mundo.

De este modo y poco a poco, Thurston asciende. Al final el destino llama a su puerta y, cuando Harry Kellar (rey del mundo de la magia desde hacía dos décadas), decide retirarse de la profesión, una carambola en los acontecimientos sitúa a Thurston como heredero definitivo de Kellar, lanzándose así al estrellato.
Llegado el momento, Kellar y Thurston empiezan un gira juntos, coronada por una ceremonia de pase de poderes cargada de significado místico.

Marca personal= magia + simbología
Durante la gira, que es pura publicidad, Kellar se dedica a repasar ante el público los momentos estelares de su carrera y a teorizar sobre el glorioso futuro de la magia. A continuación, mediante música de orquestra, Thurston aparece en escena y diversos asistentes llenan el lugar con ramos de flores y símbolos de la vida, la primavera o el renacimiento. Finalmente, Kellar vuelve a escena junto a Thurston y el público canta con la orquesta.
El momento es tan emocionante, que Thurston y Kellar apenas pueden contener las lágrimas.
Menudo espectáculo…
En la ceremonia final, el pase de poderes es anunciado con un gran cartel en el que se ve a Kellar poner una capa roja a Thurston. Un eslogan anuncia: «Thurston, el sucesor de Kellar, recibe la capa mágica». La capa roja es una referencia a Fausto y su brillo sanguíneo atrae las miradas de todos los espectadores.
No es para menos.

Las mentiras de Thurston
Pero toda esta historia llena de herencias mágicas, contactos con el más allá y conocimientos ocultos no es más que otra farsa en la biografia de Thurston.
La única realidad fue que Thurston compró el espectáculo de Kellar por una suma comprendida entre los 5.000 y los 7.000 dolares, aunque finalmente solo usó dos de los trucos de su maestro.
De hecho, tras diversas idas y venidas con Kellar, los dos hombres se distanciaron a causa de la forma en que Howard Thurston llevaba el negocio.
En cualquier caso, todo aquel circo les salió rentable. No obstante, lo que funcionaba para unos no lo hacia para otros y, con el fin de llevar sus espectáculos a lo más alto, los ilusionistas necesitaron encontrar las más alucinantes y originales estrategias de marca, vehículadas a través de caracterizaciones cada vez más complejas y extremas.
Magia desde las arenas del desierto
La atracción por oriente y el arte impresionista se dieron la mano en el siglo XIX con la misma pasión con la que el público abrazó fascinado el espiritismo y el Egipto de las pirámides.
Y los prestidigitadores, siempre despiertos, no dudaron en aprovechar toda la iconografía derivada de estas pasiones.
Aprovechando las oportunidades de viajar que les ofrecían las giras, los magos se dedicaron a aprender nuevos trucos de especialistas extranjeros, a renovar su estética y a mejorar el imaginario de sus espectáculos.

El conocido escapista Harry Houdini, por poner un ejemplo, utilizó la imagen de las pirámides para ilustrar el hermetismo y solidez de los lugares de los que debía de escapar en sus espectáculos.
Y en la India, numerosos fueron los magos que buscaron aprender los trucos de los faquires, que tan de moda estaban en Occidente a pesar de que los magos europeos y americanos consideraban los espectáculos orientales de una calidad mediocre. Y aunque no consiguieron replicarlos, los imitaron indiscrimidamente. Igual que las mentiras de Thuston, las de los magos orientales llenaron las cajas de los teatros.
De hecho, toda aquella simbología egipcia u oriental funciona todavía hoy a la hora de vender libros y revistas de misterio.
El marketing del misterio
El ejemplo más claro de esta ya clásica estrategia de marca es el uso de la conocida Esfinge de Gizeh.
Desenterrada por los napoleónicos y posteriormente famosa en el mundo entero gracias a los fotógrafos de los periódicos, la Esfinge tiene algo arquetípico y poderoso que atrae las miradas y provoca anhelos extraños.

Junto al diablo, la Esfinge de Gizeh es la la gran ganadora de esta furia simbológica. Aparece retratada en inmensidad de carteles de magia. Su imagen nos recuerda que el mago, al igual que la maravilla egipcia, es puerta a lo oculto y guardián de un conocimiento vedado.
La Esfinge significa misterio en mayúsculas, conocimiento perdido.
Y magia, qué duda cabe.
Magia y cuentos chinos
La pasión publica por todo lo oriental parecía no tener límites. Las circunstancias facilitaron el nacimiento de personajes tan surrealistas como Chung Ling Soo, quien fue probablemente el máximo exponente de esta extraña moda.

Chung Ling Soo, era un mago chino con conocimientos especiales extraídos de la magia egipcia. O eso decía.
Se trataba en realidad de William Elsworth Campbell Robinson, y se hizó llamar Robinson, el mago misterioso, hasta que presenció una actuación del verdadero mago chino Ching Ling Foo. Tanta fue la impresión que le causó el artista oriental, que decidió imitarle bajo el nombre/homenaje de Chung Ling Soo.
La magia asiática, aderezada de palabras místicas y filosóficas, representó en occidente la superioridad de lo misterioso sobre lo trivial, casi como una oda anti-racionalista.
Como es de imaginar, Chung Ling Soo no fue el único mago chino. Hubo algunos falsos magos orientales más, así como falsos faquires hindúes y demás maravillas.
En aquella época de las primeras estrellas, el éxito de una estrategia de marca personal original, provocativa y misteriosa era la diferencia entre tener trabajo y dinero, o tener que delinquir para subsistir.
Y en el próximo capítulo…

Aprenderemos que la palabra «marketing» se escribe con sangre, o al menos así lo manda la tradicion ilusionista.
Y es que magos no solo trajeron al mundo el concepto de marca personal, ni solo inventaron el cine fantástico o invocaron legiones de freaks. También llevaron el gore a las calles, llenando de sangre las aceras y los escenarios.
Pero eso no será todo:
Daremos un repaso al papel de las mujeres en el mundo de la magia. Hablaremos de las atrocidades fingidas a las que fueron sometidas y acerca de su ascenso en un mundo dominado por hombres. Y nos fijaremos en la influenciade las magas en el mundo actual, reflejada en las estrategias de marketing utilizadas todavía por las estrellas mediáticas.
Nuestro carnaval siniestro se acerca a su conclusión. No te pierdas proximamente el capítulo más sangriento de esta Historia oscura de la marca personal.



